Para explicar el fenómeno de las auroras boreales debemos acudir a físicos especializados en magneto-hidrodinámica. Pero estos expertos hablan, seguramente, en un lenguaje difícil de entender para la mayoría de los mortales.
La explicación sencilla para que lo podamos entender mejor siria la siguiente: cuando las explosiones y llamaradas solares alcanzan cierta intensidad, enormes cantidades de partículas son arrojadas por este astro al espacio. Así que también por las auroras boreales hemos de estar agradecidos al sol.
Una aurora, ese enigmático resplandor que se tiñe de tonalidades verdes, es un espectáculo celestial que tiende a desplegarse en latitudes elevadas en ambos extremos del planeta, en las proximidades de los polos. En el hemisferio norte, estas luces se coronan como las auroras boreales, mientras que en el hemisferio sur, las aclamamos como auroras australes.
Pero, ¿por qué se producen? La clave reside en el magnetismo de nuestro planeta.
La Tierra es golpeada cada instante por gran cantidad de radiación que podría matarnos. Por suerte, nuestro planeta posee un campo magnético irradiado por el núcleo metálico de la Tierra que nos protegen de esa radiación (entre otras capas, como la de ozono).
Pues bien; hay una zona de la atmósfera, la más exterior, en la que la radiación del Sol ‘agita’ más intensamente las partículas: digamos que las carga o las ioniza. Por eso a esta capa se la denomina ionosfera. En las regiones superiores de la ionosfera, comenzando varios cientos de kilómetros sobre la superficie de la Tierra y extendiéndose decenas de miles de kilómetros hacia el espacio, se encuentra la magnetosfera, una región donde el comportamiento de las partículas cargadas se ve fuertemente afectado por los campos magnéticos de la Tierra y el Sol.
A veces el Sol emite grandes oleadas de energía conocidas como tormentas solares. Cuando una de estas tormentas viene hacia nosotros, la oleada de energía se disipa por el campo magnético e interactúa con las partículas cargadas de la ionosfera. Es en la parte inferior de la magnetosfera, donde se superpone con la ionosfera, donde tienen lugar las espectaculares auroras.
Puede que la imagen más representativa de una aurora sean las luces de color verde. Pero las auroras también pueden ser rojizas, azules o púrpuras.
La mayoría de las auroras se producen a una altura de entre 100 y 240 kilómetros de altitud. En esa zona de la atmósfera predomina el oxígeno, cuya interacción con la radiación solar puede producir hasta 50 tonalidades distintas de verde.
A menos de 100 kilómetros de altitud hay mayor cantidad de nitrógeno, cuya reacción con la radiación solar provoca los colores azulados y púrpuras.
¿Cómo ver las auroras boreales?
Si estás en el hemisferio norte, el mejor sitio para ver las auroras boreales no es precisamente el Polo Norte, a diferencia de lo que mucha gente cree; sino a cierta distancia, en el círculo polar ártico.
Algunos que se encuentran en estas latitudes pueden ser Finlandia, Noruega, Suecia, Islandia, Canadá o Alaska (EEUU). Aunque si la actividad solar es muy fuerte, las auroras pueden llegar a verse en latitudes más bajas, como Escocia, el norte alemán, las Repúblicas Bálticas e incluso Polonia.
Así que, si tienes la oportunidad de organizar un viaje a alguno de estos destinos, acomódate en un lugar alejado de la iluminación artificial, en plena noche. Asegúrate de que el cielo está despejado y abrígate bien. Por último, ármate de paciencia y, sobre todo, ¡disfruta!
Nosotros hemos tenido la ocasión de verlas en tres ocasiones y en ciudades distintas. Es una experiencia increíble. Un espectáculo que parece de otro mundo. Por eso tanta gente esta dispuesta a cruzar medio mundo para verlas.
Nuestra primera experiencia fue en la isla de Senja, Noruega, a las 10.45 de la noche ahí estaba su majestad la reina de la noche nórdica, las luces del norte o la aurora boreal, bailando en un pase exclusivo para nosotros.